Por Elena Díaz
Vivimos en una sociedad, en un mundo, en el que la comodidad está a la orden del día y además en todos sus aspectos. Crean caminos más cortos, nos preparan la comida, nos dicen que tenemos qué pensar y sobre qué nos debemos informar. Siempre es más sencillo que nos digan qué hacer, en lugar de pensarlo nosotros mismos. La idea es que pensar ya no es tan importante como antes, puesto que hay gente que lo hace por nosotros. Estamos manipulados por los medios de comunicación, por la publicidad, por el dinero… y por los intereses de los que lo tienen.
Los medios de comunicación tienen un poder enorme en la población, esto ya ha sido comprobado en varias ocasiones, por no seguir con los mismos temas que hemos hablado, pondré el ejemplo de la gripe A. De un modo superficial, por su puesto. La gripe tuvo un impacto mediático importante, en la mayoría de los medios no se hablaba de otra cosa, lo que provocó que la gente tuviera miedo de contagiarse. Así pudieron sacar beneficios por dos partes: por una lado, la audiencia que generaba la enfermedad, el estado de los que la padecían y hasta dónde se había extendido y por otro, los beneficios de las compañías farmacéuticas que después venderían sus vacunas.
La televisión, en mi opinión, es el medio con mayor influencia. Está al alcance de casi todos y es un instrumento de entretenimiento enorme, y no sólo eso. Hay mucha gente que cree todo lo que ponen en la TV, que sólo piensan en lo que los dirigentes de la cadena quieren que piensen, porque ellos deciden qué es lo que existe y qué es lo que se queda en la ignorancia. No nos engañemos, lo que no sale en los medios, no existe. La información es un negocio y como tal priman los beneficios sobre la objetividad, ellos deciden que es lo que nos tiene que interesar. Y todo eso sin hablar de la publicidad y las nuevas necesidades que nos crean.
En una grabación de una tertulia que escuchamos en clase, se decía que presumimos de vivir en la era de la información, pero en realidad, lo que tenemos es la ilusión del conocimiento y esto queda claramente reflejado con los acontecimientos del 11S. Hay una versión oficial y después miles de teorías que dudan y que demuestran con hechos que algo no está bien en lo que nos están contando. ¿Quién nos cuenta lo que pasa en el mundo? ¿Quién dice la verdad?. Después de varios días de investigar e informarme me di cuenta de que la verdad no es tan simple. Y con esto llegamos al tercer punto, que en mi opinión merece la pena pararse a pensar.
¿Qué es la verdad? Ni si quiera los diccionarios se ponen de acuerdo en eso. Para mí la verdad es ver los hechos y las cosas de forma transparente y después de estas semanas he ampliado la definición. Porque creo que ya no se puede hablar de una sola verdad, es decir, que en un conflicto puede haber dos versiones y que ambas sean verdaderas. Sólo porque uno gane y otro pierda no significa que uno de ellos tenga la verdad. La verdad se construye a base de esas dos visiones, de contrastar esas dos realidades, si es que solo son dos. La verdad no es tan sencilla, tiene matices, versiones… Siempre que sea posible cada uno debe construir la suya, intentando no caer en la simpleza y la comodidad, de escuchar solo la versión de los vencedores. Al menos podemos aspirar a tener la certeza de que algunas cosas son verdad, y esto me reconforta por que ha quedado claro que muchas verdades están fuera de nuestro alcance, por mucho que nos duela.
Para construir nuestra verdad hay que investigar, alejarse de la manipulación (sabiendo que, en parte la mayoría de la información que recibimos, ya está manipulada), tener una mirada crítica y abierta hacia la vida, analizar…
Lo que no puedo asegurar es que la verdad, como tal, como algo que supera a todo lo demás, exista. Es tan difícil de alcanzar que cuesta creérselo. Y si realmente la hay... ¿Lo dirán en la tv? ¿Estaremos preparados para afrontarla?
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